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Xàtiva, la ciudad de las mil fuentes

Xàtiva es un municipio situado en el sur de la provincia de València, en el norte de las Comarcas Centrales y capital de la comarca de La Costera. Fue una de las poblaciones más importantes del Reino de Valencia, cuna de los papas Borja.

 

Ciudad monumental

Para conocerla de una forma saludable, podemos pasear y callejear por el centro de Xàtiva recorriendo sus calles, plazas, palacios medievales y monumentos más destacados, donde podremos visitar la Casa natal de los Borgia, el Monasterio de Santa Clara, el Hospital Real, la Plaza del mercado o uno de los más destacados edificios como la Colegiata de Santa María… y en lo más alto, el Castillo de Xàtiva.

Doble fortaleza situada en la sierra del Castell, sobre Xàtiva, por la situación estratégica de la ciudad ha sido escenario y testimonio de numerosos conflictos. Dividido en el Castell Menor y el Castell Major, el primero se asienta sobre restos iberos y romanos. La sucesivas culturas que han poblado estas tierras lo fueron ampliando y fortificando. Ya tuvo protagonismo durante las campañas de Aníbal, y en el período de Al-Ándalus. Fue más tarde importante, en tiempos del Reino de Valencia, en las guerras contra Castilla, en las de Germanías y en la de Sucesión, así como presidio de ilustres condenados.

Desde el castillo bajan las murallas que abrazaban la Xàtiva altomedieval. Nos encontramos ante una de las joyas de la ciudad, de arquitectura imponente, declarada Bien de Interés Cultural. A pesar de sus raíces ibéricas y romanas, la mayor parte de las murallas y torres conservadas son de origen islámico o gótico. Una vez en Xàtiva es imprescindible realizar el recorrido por esta fortaleza, desde la cual se observan unas espléndidas panorámicas de la población y su entorno.

 

 

Un paisaje con historia

 

En las inmediaciones de Xàtiva se encuentra el Paraje Natural Municipal la Cova Negra, declarado Paraje Natural Municipal en 2006, de visita imprescindible. Situado en el estrecho valle que recorre el río Albaida, sus 57 hectáreas nos revelan un espacio de alto valor ecológico y patrimonial. Un paisaje privilegiado que nos llevará hasta el yacimiento de la Cova Negra, declarado Bien de Interés Cultural, básico para comprender la prehistoria europea y la vida del hombre de Neandertal.

Abrazados por las antiguas murallas que protegían la ciudad, podremos subir hasta el Castell por el espacio donde en otro tiempo estuvo la población ibérica, romana, visigoda, árabe y cristiana. Comenzando por el mirador del Bellveret, que ofrece unas panorámicas espléndidas de la Xàtiva actual, el recorrido invita a visitar con tranquilidad lugares como las ermitas de Sant Josep y de Sant Feliu, interesantes restos arqueológicos y diferentes construcciones de las murallas.

 

 

Fuente de biodiversidad

Un paseo por el paraje de la Cova Negra nos llevará a descubrir el contraste entre la vegetación de ribera y la de montaña. En la primera, si nos acercamos al río Albaida, destacan comunidades vegetales flotantes y bosques de ribera, con ejemplares bien desarrollados de chopos y olmos. En el área de montaña nos seducirá el aroma de la vegetación mediterránea, con numerosas plantas aromáticas entre las cuales encontraremos la pebrella, endemismo valenciano.

 

 

Respirar al aire libre

El paraje de la Cova Negra, y en general el entorno de Xàtiva, es ideal para la práctica de los deportes al aire libre. Los numerosos senderos y caminos del paisaje lo convierten en inmejorable para disfrutar del senderismo y del BTT. Además podremos practicar la escalada en l’Aventador, gran pared rocosa con tradición en este deporte.

 

 

La Ruta del Agua

La Ruta del Agua es quizás la manera más refrescante de conocer Xàtiva, conocida en su momento como “la ciudad de las mil fuentes”. Este itinerario señalizado nos descubrirá los rincones más sugerentes del núcleo urbano, a través de la estrecha relación que secularmente ha mantenido con el agua.

 

 

Xàtiva dispone de canales de agua potable al menos desde la época islámica. En conjunto en el siglo XVII había más de novecientos caños, hecho inusual para la época que dio fama a la ciudad. Las fuentes se dividían en tres categorías; las reales, monumentales y sostenidas públicamente, las vecinales, mantenidas por los vecinos, y las particulares, escasas y sólo al alcance de las familias más pudientes.

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